No sé cómo dirigirme a ti sin que sepas quién soy. Me encantaría llamarte por tu nombre, pero lo desconozco. Hoy te he vuelto a ver como siempre, triste, mirando a solo un paso más allá del tuyo. No sabes que ha salido el sol si no fuera porque te guías por las sombras. A pesar de verte cada día no sé de qué color tienes los ojos porque nunca levantas la cabeza.

Hoy me han dado ganas de decirte que existo, que te apoyes en mí. Sé que puedo ayudarte aunque probablemente no de la manera que tú necesitas, pero estoy aquí aunque no lo sepas. Existo y te veo casi cada día.

Hoy estabas fatal. Se me ha vuelto a hacer un nudo en el estomago al verte. Ésta vez te ha golpeado en el ojo y las gafas no te cubren todo el morado. Aún tienes restos en el labio del golpe que te dio días atrás. El carmín tampoco lo disimula del todo aunque ya lo tienes mucho mejor. Sabes que no puedes esconderlo y que se advierte la causa en toda tú persona. Me alegro de verte a pesar de todo y de que no quieras quedarte encerrada en esa puta cárcel de sufrimiento en que se ha convertido tu hogar. Somos muchas las personas que nos cruzamos cada día contigo y que sabemos lo que te pasa. Somos muchas las personas que conocemos tu padecer y estamos contigo. Las que te conocen y las que ni siquiera sabemos tu nombre. Somos muchos los que sabemos de tu sufrimiento y estamos hartos de saber lo que te pasa y de quedarnos de brazos cruzados, por no saber si empeorará tu situación si hacemos algo al respecto en vista de lo lenta que va la justicia, y de lo mal que funciona, por decir que hacen algo para remediar cosas como ésta, que apenas se puede decir, por desgracia.

A veces tengo ganas de seguirte hasta tu casa sin que me veas y darle una paliza a ese hijo de perra que se hace llamar "marido". Seguro que no salgo ilesa pero conmigo no puede, no tiene ni media hostia. Es un mierda. Un mierda muy grande, como todos los cobardes que se ensañan con los más débiles. No importa el sexo.
No estás sola aunque así lo sientas. Somos muchos los que queremos que esto termine. No menos que tú ni tantas/os como tú, pero las buenas personas, que aunque no lo sepas hay muchas, están deseando de que esta clase de aberraciones se acabe de una vez.

Hoy le hubiera gritado al viento que no estás sola, que te apoyamos, que estés tranquila, pero eso no te sirve de nada cuando entras a tu casa y te da una paliza porque hoy no se siente hombre. No te sirve de nada cuando te humilla, ni cuando te golpea, ni cuando te escupe en la cara, ni cuando lloras tan fuerte que el mundo se vuelve sordo por temer a un cobarde. Me pregunto quién es más cobarde, si el que te pega cada día, o el que escucha cada día cuando te empuja contra el mueble de la sala y se queda callado esperando con la oreja pegada en la pared de su casa a que terminen los golpes lamentándose de tu mala suerte, o quizás los que nos cruzamos por la calle contigo y sabemos de tu sufrimiento y nos limitamos a sentir lástima por ti.

Sabes….no es él más mierda que nosotros. Todos somos unos mierdas. Él porque te pega en silencio y nosotros porque le guardamos el secreto.

Quería que lo supieras, pero solo me atrevo a decírtelo así, porque soy tan mierda callando como el que te pega en silencio.